Evento Metabolismo by Duodigestivas

Este 13 de junio tuve la suerte de participar en una jornada muy especial junto a Duo Digestivas, un encuentro en el que hablamos de metabolismo, nutrición e inflamación, tres conceptos que están profundamente conectados y que, sin embargo, muchas veces se abordan de forma aislada.

Fue una mañana maravillosa, no solo por todo lo que compartimos, sino también por la oportunidad de conoceros a muchas de vosotras en persona. Siempre digo que una de las partes más gratificantes de mi trabajo es salir de la consulta o del hospital y encontrar espacios donde la conversación sobre salud se vuelve cercana, práctica y humana. Los eventos presenciales tienen algo que ningún formato online puede sustituir: la interacción directa, las preguntas espontáneas, las experiencias compartidas y esa sensación de comunidad que se genera cuando un grupo de personas se reúne con el objetivo común de aprender a cuidarse mejor.

Durante la jornada hablamos de salud metabólica, un concepto que ha adquirido una relevancia enorme en los últimos años y que, desde la publicación de mi libro, se ha convertido en uno de los pilares fundamentales de mi trabajo con los pacientes. Cada vez existe más evidencia científica que demuestra que muchas de las enfermedades que hoy consideramos habituales tienen una estrecha relación con alteraciones metabólicas que pueden desarrollarse durante años de manera silenciosa.

Cuando hablamos de salud metabólica no nos referimos únicamente al peso corporal. De hecho, reducir el metabolismo a una cuestión de kilos es una simplificación que puede llevar a errores importantes. La salud metabólica engloba la capacidad que tiene nuestro organismo para gestionar adecuadamente la energía, mantener unos niveles estables de glucosa, responder correctamente a la insulina, utilizar grasas y carbohidratos de manera eficiente y regular procesos tan importantes como la inflamación, el estrés oxidativo o el equilibrio hormonal.

Uno de los temas centrales de la jornada fue precisamente la inflamación crónica de bajo grado, una condición que hoy sabemos que se encuentra en la base de muchos problemas de salud modernos.

A diferencia de la inflamación aguda, que es una respuesta fisiológica necesaria para defendernos frente a infecciones o reparar tejidos dañados, la inflamación crónica permanece activa durante meses o incluso años. Es una especie de ruido de fondo biológico que muchas veces pasa desapercibido porque no produce síntomas evidentes al principio.

Sin embargo, sus consecuencias pueden ser importantes. Esta inflamación persistente se asocia con un mayor riesgo de desarrollar resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, hígado graso, obesidad, síndrome metabólico e incluso determinadas alteraciones neurodegenerativas.

Lo más interesante es que esta inflamación rara vez aparece de manera aislada. En la mayoría de los casos forma parte de un paraguas mucho más amplio: el desajuste metabólico.

Cuando nuestras células dejan de responder adecuadamente a las señales hormonales, cuando los niveles de glucosa permanecen elevados con frecuencia, cuando acumulamos grasa visceral o cuando nuestros ritmos biológicos se alteran de forma continuada, el organismo entra en un estado que favorece la producción de moléculas inflamatorias. Es decir, el propio desequilibrio metabólico alimenta la inflamación y, a su vez, la inflamación empeora el funcionamiento metabólico, generando un círculo vicioso difícil de romper.

Por eso es tan importante entender que la inflamación no es simplemente un problema localizado. No se trata únicamente de una articulación que duele, de una digestión pesada o de una sensación de cansancio. Muchas veces es la manifestación de un organismo que está teniendo dificultades para gestionar adecuadamente la energía.

También hablamos de otro concepto fundamental: la flexibilidad metabólica.

La flexibilidad metabólica es la capacidad que tiene nuestro cuerpo para adaptarse a diferentes fuentes de energía según las necesidades del momento. En términos sencillos, significa poder utilizar glucosa cuando está disponible y recurrir a las reservas de grasa cuando es necesario.

Nuestros antepasados eran extraordinariamente flexibles desde el punto de vista metabólico. No tenían acceso permanente a la comida y alternaban periodos de abundancia con periodos de escasez. Su organismo estaba diseñado para funcionar eficientemente en ambos escenarios.

Sin embargo, el estilo de vida moderno ha cambiado radicalmente esta situación.

Hoy muchas personas pasan gran parte del día comiendo o picando entre horas. El acceso constante a alimentos altamente calóricos y ricos en azúcares refinados mantiene elevados los niveles de insulina durante buena parte de la jornada. Como consecuencia, el organismo pierde práctica a la hora de movilizar y utilizar sus propias reservas energéticas.

Cuando esto ocurre, la capacidad para cambiar entre combustibles disminuye. Nos volvemos metabólicamente rígidos.

Esta rigidez puede manifestarse de diferentes formas: hambre frecuente, dificultad para mantener la energía entre comidas, antojos intensos de productos dulces, fatiga mental, aumento progresivo de peso o sensación de dependencia constante de la comida para sentirse bien.

Recuperar la flexibilidad metabólica no implica seguir dietas extremas ni eliminar grupos enteros de alimentos. Implica volver a enseñar al organismo a utilizar eficientemente todos sus sistemas energéticos mediante hábitos que favorezcan un mejor funcionamiento metabólico: una alimentación basada en alimentos reales, ejercicio físico regular, descanso adecuado y una correcta gestión del estrés.

Diversos estudios muestran que una alimentación rica en ultraprocesados se asocia con una mayor ingesta calórica, peor regulación del apetito, alteraciones de la microbiota intestinal, incremento de marcadores inflamatorios y un mayor riesgo de desarrollar enfermedades metabólicas.

Además, estos productos suelen desplazar de la dieta alimentos que aportan nutrientes esenciales. Cuando aumentan los ultraprocesados, disminuye el consumo de verduras, frutas, legumbres, frutos secos, pescado y otros alimentos que sí contribuyen a una buena salud metabólica.

También hablamos del papel del intestino en todo este proceso.

Cada vez sabemos más sobre la importancia de la microbiota intestinal y su relación con la inflamación y el metabolismo. Los microorganismos que habitan nuestro intestino participan en funciones tan importantes como la producción de determinadas vitaminas, la regulación del sistema inmunitario y el mantenimiento de la barrera intestinal.

Cuando la alimentación es pobre en fibra y rica en productos ultraprocesados, esta microbiota puede alterarse. Como consecuencia, aumenta la probabilidad de desarrollar un entorno inflamatorio que repercute sobre múltiples sistemas del organismo.

Por ello, una alimentación centrada en alimentos frescos y mínimamente procesados no solo aporta mejores nutrientes, sino que también favorece un ecosistema intestinal más diverso y resiliente.

Y precisamente para demostrar que comer saludable puede ser sencillo, práctico y delicioso, dedicamos una parte importante de la jornada a la cocina.

Preparamos varias recetas que tuvieron una acogida espectacular. La granola gustó muchísimo por su versatilidad y por ser una alternativa real a muchas opciones comerciales cargadas de azúcares añadidos. Los huevos cremosos fueron, sin duda, uno de los grandes triunfadores del día. Y el cúrcuma latte despertó mucha curiosidad por su sabor y por el interés creciente que existe en torno a determinadas especias y compuestos bioactivos.

Tuve la oportunidad de realizar el showcooking y debo reconocer que es una de las actividades que más disfruto. Me encanta observar cómo conceptos que pueden parecer complejos en una presentación teórica cobran vida cuando se trasladan a la cocina. Es ahí donde la nutrición deja de ser una lista de recomendaciones para convertirse en algo tangible, práctico y aplicable al día a día.

Porque, al final, la salud metabólica no se construye a través de decisiones perfectas, sino mediante hábitos sostenibles repetidos a lo largo del tiempo.

No se trata de perseguir la perfección nutricional ni de vivir pendientes de cada alimento. Se trata de comprender mejor cómo funciona nuestro organismo para tomar decisiones más conscientes y alineadas con nuestros objetivos de salud.

La respuesta que recibimos durante toda la jornada fue extraordinaria. Hubo preguntas, reflexiones, intercambio de experiencias y, sobre todo, muchas ganas de aprender.

Y si hay un detalle que para mí resume perfectamente el éxito del evento, es que no sobró absolutamente nada de comida.

Quienes organizamos talleres y actividades relacionadas con la alimentación sabemos que esto es mucho más que una anécdota. Cuando los asistentes disfrutan, prueban, repiten y terminan cada una de las elaboraciones, significa que el mensaje ha llegado. Significa que la alimentación saludable puede ser apetecible, satisfactoria y compatible con el placer de comer.

Me fui del evento con la sensación de haber compartido algo verdaderamente útil y con la satisfacción de comprobar que cada vez hay más personas interesadas en entender la salud desde una perspectiva integradora, donde metabolismo, inflamación, alimentación y estilo de vida forman parte de una misma conversación.

Gracias a todas las personas que participasteis, preguntasteis, cocinasteis y compartisteis vuestro tiempo. Encuentros como este me recuerdan por qué disfruto tanto de mi profesión y por qué seguir divulgando sobre salud metabólica continúa siendo una de mis mayores motivaciones.



Con mucho cariño siempre,


Cristina S.

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