Las enfermedades modernas ¿Qué está pasando?

En las últimas décadas hemos visto un aumento notable de enfermedades crónicas: diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, obesidad, enfermedades autoinmunes, algunos cánceres, síndrome metabólico o enfermedades neurodegenerativas.

A menudo pensamos que estas enfermedades aparecen por mala suerte o por causas aisladas. Sin embargo, cada vez más investigación científica sugiere algo diferente: muchas de estas enfermedades comparten alteraciones biológicas comunes.

No son procesos completamente independientes. Muchas veces crecen sobre un mismo terreno fisiológico.

Entre los mecanismos más estudiados se encuentran:

  • Inflamación crónica de bajo grado

  • Resistencia a la insulina

  • Disfunción mitocondrial

  • Estrés oxidativo

  • Alteraciones en el sistema inmune

Comida ultraprocesada

En otras palabras: son enfermedades distintas, pero a menudo comparten un mismo contexto: la disfunción metabólica.

La inflamación silenciosa

Cuando pensamos en inflamación solemos imaginar algo visible: una herida, una infección, una articulación hinchada. Sin embargo, existe otro tipo de inflamación mucho más silenciosa.

Se trata de la inflamación crónica de bajo grado, también llamada metainflamación.

No produce síntomas agudos claros, pero mantiene activado el sistema inmune durante largos periodos de tiempo. En sangre pueden encontrarse niveles ligeramente elevados de citoquinas inflamatorias como TNF-α, IL-6 o IL-1β.

Esta inflamación persistente se ha relacionado con muchas enfermedades modernas, entre ellas:

  • Diabetes tipo 2

  • Enfermedad cardiovascular

  • Hígado graso metabólico

  • Algunas enfermedades autoinmunes

  • Cáncer

Podríamos explicarlo de forma sencilla así:

La inflamación crónica hoy no suele ser un incendio. Es más bien una brasita que nunca termina de apagarse

El metabolismo no es solo “quemar calorías”

Cuando hablamos de metabolismo, muchas personas piensan únicamente en gasto energético o en “quemar calorías”. Pero el metabolismo es mucho más que eso.

El metabolismo es el conjunto de reacciones bioquímicas que permiten a nuestras células: producir energía (ATP), reparar tejidos, fabricar hormonas…

El metabolismo es la manera en que nuestras células convierten nutrientes e información en energía, reparación y regulación. Cuando ese proceso se altera, todo el sistema se ve afectado.

Por eso muchas enfermedades aparentemente diferentes tienen raíces metabólicas comunes.

El tejido adiposo: un órgano endocrino activo

Otro cambio importante en nuestra comprensión de la salud ha sido entender que el tejido adiposo no es solo un almacén de grasa.

El tejido adiposo funciona también como un órgano endocrino, capaz de producir hormonas y moléculas inflamatorias llamadas citoquinas.

Cuando el tejido adiposo aumenta excesivamente o se vuelve metabólicamente disfuncional, puede contribuir a un estado inflamatorio persistente.

Este entorno inflamatorio puede influir en procesos metabólicos, inmunológicos y hormonales.

Cáncer y metabolismo: lo que sabemos hoy

Uno de los campos más interesantes de investigación es la relación entre metabolismo y cáncer.

Sabemos que muchas células cancerígenas presentan lo que se conoce como reprogramación metabólica, un fenómeno descrito hace casi un siglo llamado efecto Warburg. Estas células tienden a depender más de la glucosa y a utilizar rutas metabólicas diferentes para producir energía.

También se ha observado que entornos de hiperinsulinemia crónica —niveles elevados de insulina durante largos periodos— pueden favorecer la proliferación celular en algunos contextos.

Esto no significa que el azúcar cause cáncer directamente.

Pero sí sabemos que un entorno metabólico alterado puede favorecer procesos biológicos que facilitan el crecimiento celular desregulado.

El sistema inmune también tiene metabolismo

En los últimos años ha surgido un campo fascinante de investigación: el inmunometabolismo.

Este campo estudia cómo la forma en que las células inmunes producen energía influye en su comportamiento.

Podemos imaginarlo así: las células inmunes son como soldados. Para actuar necesitan energía. Pero el tipo de energía que utilizan influye en cómo responden.

Cuando el sistema inmune entra en modo inflamatorio, las células utilizan sobre todo glucólisis, una forma rápida de producir energía a partir de glucosa. Esto permite que se multipliquen rápidamente y produzcan citoquinas inflamatorias.

En cambio, las células reguladoras que ayudan a calmar la inflamación utilizan un metabolismo más eficiente basado en la actividad mitocondrial y la oxidación de grasas.

Por eso hoy sabemos que:

El sistema inmune no solo responde a señales inmunológicas. También responde al entorno metabólico del organismo.

Sistema inmunológico atacado por una infección

El papel del estilo de vida moderno

Nuestro organismo evolucionó en un entorno muy diferente al actual. Durante la mayor parte de la historia humana, la vida implicaba movimiento constante, alimentación basada en alimentos poco procesados y ritmos circadianos más estables.

Hoy vivimos en un contexto muy distinto:

  • Dietas ricas en ultraprocesados

  • Sedentarismo

  • Estrés crónico

  • Sueño insuficiente

  • Exposición a contaminantes ambientales

Este conjunto de factores interactúa con nuestra biología y puede favorecer alteraciones metabólicas y una mayor inflamación sistémica.

Esto no significa que las enfermedades modernas tengan una única causa. Pero sí indica que el entorno en el que vivimos influye profundamente en nuestra fisiología.

Cuando hablamos de enfermedades metabólicas o inflamatorias es fácil caer en narrativas de culpa individual. Pero la realidad es más compleja.

El sistema sanitario actual está extraordinariamente preparado para tratar enfermedades agudas. Sin embargo, muchas enfermedades crónicas requieren cambios sostenidos en el estilo de vida y en el entorno metabólico.

La medicación salva vidas y es fundamental en muchos casos. Pero si no abordamos también el terreno metabólico, muchas veces el problema de base continúa activo.

Una forma equilibrada de verlo sería esta:

No se trata de elegir entre medicina o hábitos. Se trata de entender que ambos trabajan mejor cuando se combinan.

Con cariño siempre



Cristina Subirana

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